¿Liderazgo jerárquico o liderazgo colaborativo?

Liderazgo colaborativo

Es cada vez más evidente que en la generación de los knowmads, de la dictadura de la información y la hiperespecialización laboral, las mecánicas de los equipos están transformándose para convertirse en algo que no habíamos visto nunca antes.

Estamos acostumbrados a la estructura jerárquica, relativamente encapsulada, en la que cada trabajador tiene unos roles bien definidos, unas responsabilidades asignadas y de las que debe responder ante sus superiores.

El paradigma del liderazgo ha cambiado

En los equipos jerárquicos, el buen líder se erige como un héroe en los momentos de crisis. Es capaz de resolver cualquier problema, tirar del carro cuando hace falta y obtener resultados cuando todo parecía perdido. Y todo esto manteniendo a su equipo contento, cayendo bien a todo el mundo y presentando unos informes impecables.

Pero el concepto mismo de jerarquía está cambiando en la empresa. Las estructuras en las que un líder es capaz de cubrir cualquier contingencia que pueda surgir y en las que la tarea principal es que el equipo siga instrucciones de una forma precisa y eficaz son cada vez menos numerosas.

Cada vez predominan más los equipos multidisciplinares, en los que cada uno de sus miembros es especialista en uno o varios campos muy determinados y para los que los retos del liderazgo son muy diferentes. En este tipo de estructuras, un líder no es capaz de echarse el trabajo a la espalda cuando las cosas no van bien por la simple razón de que no puede desempeñar la misma labor que cumplen sus especialistas. Son los propios miembros del equipo los que tendrán que hacerse cargo de la situación y ser lo bastante responsables como para saber qué deben hacer.

El paradigma de liderazgo cambia entonces radicalmente, dejando de ser una especie de general que lideraba la vanguardia del ataque para convertirse en algo más parecido a un director de orquesta. El líder como figura deja de ser un empleado modelo que destaca sobre los demás y pasa a ser un empleado con unas capacidades completamente diferentes al resto. El liderazgo ya no es una circunstancia, el liderazgo es una profesión y, como tal, puede ser una vocación.

La labor del buen líder en estos equipos multidisciplinares es mantener a sus miembros motivados, coordinados y trabajando por el mismo objetivo. Su rasgo más importante no es la capacidad para solucionar problemas y obtener resultados, sino sus habilidades de comunicación y su capacidad de anticipación.

Microliderazgo: cada uno es responsable de su propio trabajo

En este tipo de equipos multidisciplinares se nos plantea el reto del microliderazgo. Cada miembro del equipo es absolutamente responsable de una parte del todo. Esta es una responsabilidad que no puede delegar ni ignorar, está implícita en el trabajo mismo. Si cada uno es responsable de su propio trabajo, temas de disciplina organizacional básicos sobre los que siempre han incidido tradicionalmente las empresas como horarios o días de vacaciones dejan de tener sentido.

Lo más importante en los nuevos modelos de producción ya no es que un trabajador entre a una hora, salga del trabajo 9 o 10 horas después y en el proceso produzca el mayor beneficio posible para la empresa. Lo importante es que un trabajador cumpla sus objetivos personales en el momento preciso y con la calidad suficiente para que el resto del equipo pueda alcanzar su objetivo global.

Paradójicamente, el líder en este caso afronta el reto de fomentar la propia capacidad de autogestión de las personas a su cargo. Esta capacidad de autogestión debe ir vinculada a una coordinación que crece de forma natural por la interrelación de las personas que componen el equipo, motivada por el deseo de alcanzar el objetivo del grupo. El mejor líder ya no es un cabeza de cartel, es alguien que es capaz de mantenerse en segundo plano y ceder el protagonismo al resto.

Siguiendo con el símil de la orquesta: ¿qué es más importante, lo bién que mueve la batuta el director de orquesta o que suene bien la sinfonía en conjunto? ¿Qué importa que alguien sea un músico excepcional que destaque sobre el resto si no toca la misma melodía que los demás? Si existe algún problema con uno de los músicos ¿el director de orquesta podrá tomar su instrumento y tocar en su lugar?

¿Es el fin del liderazgo?

Por supuesto, esto no significa que la figura del líder en los nuevos modelos de equipos sea irrelevante. Es más, en mi opinión es más importante que antes, simplemente su rol es diferente que el que tenía en los equipos jerárquicos. Una orquesta no puede existir sin director, un equipo de fútbol no jugará bien si no tiene un entrenador.

El líder ya no es el mejor trabajador del equipo. El líder es simplemente otro especialista cuyo trabajo es liderar. La labor de liderar en este modelo de estructura es compleja y requiere de un perfil diferente al resto de miembros del equipo. El liderazgo, ahora más que nunca, deja de ser una circunstancia y se convierte en un oficio.

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