¿Somos iguales dentro y fuera de la oficina?

¿Nos ponemos una máscara en la oficina?

Esta es una cuestión interesante que nos puede dar las claves para entender nuestro propio comportamiento y el del resto de miembros de nuestro equipo de trabajo.

¿Somos iguales dentro y fuera de la oficina? O incluso mejor: ¿nos relacionamos igual con las mismas personas dentro que fuera de la oficina?

La respuesta a priori es no: en un entorno laboral no podemos comportarnos siempre como quisiéramos. La jerarquía suele estar muy marcada y existen convenciones sociales que nos recomiendan comportarnos de determinada manera. Nuestro papel dentro de las dinámicas de grupo vienen definidas principalmente por nuestro rol dentro de la organización.

Pero en realidad, si lo estudiamos con más detenimiento, la respuesta es sí. Sí, somos iguales dentro y fuera de la oficina. Lo que cambia es qué parte decidimos mostrar en cada momento.

A nivel individual, las personas estamos definidas por un carácter y una escala de valores que es indisociable de nosotros mismos. Estos condicionantes pueden enmascararse en el ámbito laboral, pero siempre subyacen en todas nuestras relaciones y tienen a dictar buena parte de nuestro comportamiento.

Una persona que sea muy seria en el trabajo y muy extrovertida fuera de él, en realidad es una persona que puede ser seria cuando corresponde y extrovertida cuando considera que es apropiado. Probablemente no tendría grandes dificultades para ser una persona extrovertida en el trabajo o seria fuera de él si las circunstancias lo requirieran.

Por eso, los departamentos de recursos humanos no se centran solo en las aptitudes laborales de un individuo, sino que se fijan también en aficiones y hacen preguntas como: «¿cómo te definiría un amigo?».

A nivel de relaciones humanas, las diferencias son menores. Aunque en una organización los comportamientos están dictados por roles y jerarquías que raramente se extienden más allá del entorno laboral conscientemente, tendemos a trasladar estas relaciones a otros ámbitos. Alguien que trata a su jefe con respeto, le llama de usted en el trabajo y mide con cuidado las palabras que le dedica, es difícil que fuera de la oficina le trate con cercanía. A fin de cuentas, los seres humanos estamos diseñados para vivir en sociedad y la sociedad es un ente sin límites que solo depende de las relaciones entre las personas.

La gran ventaja de esta circunstancia es que funciona de forma bidireccional. Si el individuo extiende las pautas de comportamiento del ámbito laboral al particular, también importan las pautas de comportamiento de fuera del trabajo hacia dentro. Dos personas que se hacen amigos más allá del trabajo normalmente trabajan mejor juntas.

La propia incapacidad humana para aparcar los sentimientos dependiendo de la actividad que se realice, puede ser usada en beneficio del equipo. La mejor forma de mejorar la relación laboral entre dos personas que no trabajan bien juntas es tratando de reforzar los lazos que los unen fuera del trabajo, lo que normalmente es más sencillo porque a priori se eliminan muchas de las fuentes de fricción. Si se mejora la relación de dos individuos fuera del estricto marco que establece el ámbito laboral, se mejorará indirectamente su capacidad de trabajar juntos.

La conclusión es que, como las personas somos esencialmente iguales dentro y fuera de la oficina, podemos alentar los comportamientos que nos gustaría ver dentro de un equipo en un ambiente completamente ajeno al trabajo tanto a nivel particular como a nivel colectivo, como por ejemplo en jornadas tipo Team Event. Un líder hábil puede obtener un gran beneficio de ello.

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