Cómo tomar mejores decisiones: 5 tips

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Decisiones. Nos pasamos el día tomando decisiones o al menos, intentándolo. Y es que tomar decisiones, es una de las actividades de nuestra vida diaria que más nos cuesta. ¿Por qué? Por las consecuencias derivadas de las mismas. Cada decisión lleva asociada una o varias consecuencias. Estas pueden ser positivas o negativas y según tomemos uno u otro camino, así transitaremos por la vida en el aspecto profesional y personal.

La toma de decisiones es algo fundamental de nuestra vida y puede desde ponernos nerviosos, cambiar nuestro humor, por supuesto que “quitarnos el sueño” (y no es una forma de hablar) hasta hacer que enfermemos. Postergar una decisión, dejarla para más adelante, darle mil y una vueltas, valorar por encima de lo aconsejado e incluso, necesario, las posibles consecuencias pueden perjudicarnos más que incluso, el hecho de equivocarnos al tomar la decisión.

Si en una decisión tomamos el camino “equivocado”, una vez tomada e incluso ejecutada, podemos reconducir la situación tomando acción pero, si no decidimos nada y todo se alarga en el tiempo, todo es más complicado. La incertidumbre o estar en “el limbo” es peor que cometer un error. Porque de todo en esta vida, se aprende y de los fracasos, de lo que más.

A tomar decisiones, ¡se aprende!

Pero tomar decisiones, como venimos diciendo, no es algo sencillo ni fácil. Hay, de forma innata o por educación, a quien le cuesta menos y es muy ágil en la toma de decisiones. Por el contrario, hay otras personas que también por personalidad o por lo aprendido, cualquier mínima decisión como “qué desayunar”, les cuesta un disgusto interno.

Aprender a tomar decisiones es algo que todos podemos aprender. Podemos conseguir hacerlo de forma ágil y además, eficaz. Ágil porque no lo dilataremos, y eficaz porque conseguiremos acercarnos muchísimo (si no lo conseguimos siempre) a tomar la decisión más adecuada para cada caso.

Métodos hay muchos, y cada profesional que te pueda ayudar en este caso, ya sea con formación o con acompañamiento, te dará unas pautas. Quizás no tengas que ponerte fijamente a buscar “curso para aprender a tomar decisiones” sino que hay muchos métodos de trabajo que actualmente están funcionando muy bien que te conducen hacia tomas de decisiones efectivas. Es el caso de Lego Serious Play, Lean, Scrum, etc.

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5 tips para tomar decisiones acertadas y de forma ágil y eficaz

  • Lista las opciones

No se puede tomar una decisión si no se tienen bien claras las opciones. Es como hacer un viaje y elegir el camino ¿cómo lo vas a hacer si no sabes cuáles son las rutas disponibles? Pues aquí, igual.

Escribe (sí, escribir tiene mucho poder) las opciones sobre las que tendrás que decidir. Una tras otra. Al escribirlas las verás más claras y harás un primer filtro. Verás que algunas no son tan interesantes o que mirándolas con perspectiva, no te gustan ni aportan. Ahí está la clave de hacer una lista porque también te va a ayudar a no olvidar ninguna opción.

  • Evalúa cada opción

Una vez que ya has realizado la lista de las opciones disponibles para ti y tu caso (porque opciones, habrá muchas, pero quédate sólo con las que son útiles para ti), es el momento de añadirles pros y contras para que así, la decisión, esté basada en realidad y sobre sustentos sólidos.

Todo en la vida tiene una parte buena y una que no lo es tanto. Tienes que poder detallarlas para así identificar visualmente qué te ayuda más, qué te aporta más y qué te está restando.

También en esta evaluación debes incluir qué ocurrirá después de tomar la decisión, como cambiará todo lo que está a tu alrededor y lo que implica tomar ese camino en cuestión.

  • Reduce posibilidades

Cuando ya tienes la lista de las opciones disponibles y que consideras que son buenas para ti, a cada una de ellas le has añadido sus pros y sus contras y tienes una visión más general, es el momento de reducir posibilidades.

Empieza a tachar, literalmente, opciones. Elimina aquellas que ya de primeras, ves que no estarás cómodo con lo que ocurra después, con las que no te van a dar lo que esperas o simplemente con esa que “te hace sentir algo raro”. Elimínalas y lo más importante cuando quites alguna, no vuelvas hacia atrás porque si no, será un camino eterno. Lo que se descarta, desaparece.

Así tu lista irá cada vez, teniendo menos opciones y cuando el abanico es más pequeño, siempre es más fácil elegir. No sé si te gusta por ejemplo, pintar, pero a los que nos gusta, cuando tenemos que comprar un nuevo color y nos sacan las paletas de colores disponibles es un “auténtico calvario”, porque hay muchísimo donde elegir, nos gustan todos y la decisión es sumamente difícil. Si de esas paletas eliminamos los que ya tenemos, los que no nos sirven para lo que vamos a hacer y los que por precio no encajan, la lista se reduce y la decisión empieza a ser más fácil.

Lo mismo te pasará a ti con tu listado. Si tienes un listado eterno, te vas a abrumar solo de verlo, pero si vas reduciendo opciones por un motivo u otro, todo será más fácil y ágil y tú te sentirás más ligero… Este estado de ánimo a la hora de tomar una decisión siempre ayuda.

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  • Escucha tu instinto

Aunque haya quien piense que este punto es subjetivo, la verdad es que funciona. El cerebro tiene varias centros para el procesamiento de la información, sólo que estamos acostumbrados a prestar atención al procesamiento racional, pero el instinto existe, todos lo tenemos, y sólo hay que escucharlo y estar abiertos a lo que nos tenga que aportar. Luego, hacerle caso al cien por cien o no, depende de ti y tus circunstancias, pero al menos, escúchalo. Dale espacio, permítete sentir esa decisión que vas a tomar y cómo la encajas. Ten en cuenta esa parte de la información que de otra manera no se revelaría a tus ojos.

  • Son tus decisiones

Y por último, para que una decisión funcione, debes tener presente que es una decisión tuya. No de nadie más. No te dejes influenciar por nadie hasta tal punto que tomar una decisión que no esté acorde con tus creencias, con tus necesidades o con lo que tú quieres.

No hay nada peor que tomar una decisión según los designios de otros. En este caso, la infelicidad está asegurada,  y si no es inmediato, llegará. ¿Por qué? Porque luego sentirás, si sale mal, que no deberías haberle hecho caso. Porque estarás siempre pensando que no fue lo acertado, que no tuviste poder de decisión y es que al final, nadie como uno mismo para poder tomar la decisión acertada.

Lo que sí puedes hacer es dejarte acompañar. Los caminos son más fáciles si vamos con alguien que nos apoya y nos escucha (no que nos manipula para que hagamos lo que ellos quieren). La idea es tener un apoyo profesional y que nos ayude a ver lo que no estamos viendo. Y por supuesto, que tomemos la decisión que tomemos, estén ahí.

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